
Hoy como todos los dÃas fui con mi mamá a alimentar a las ardillas, estabamos muy contentas con nuestros roedores amigos cuando una marabunta de escuincles enardecidos invadió el bosque.
Los chamacos desgraciados comenzaron a perseguir a cuanta ardilla osaba bajarse de un arbol, en 20 segundos acabaron con la tranquilidad del bosque, y eso que andaba por ahà pimienta, un perro que odia a las ardillas y brinca altÃsimo para agarrarlas. Bueno pues ni pimienta y toda su pandilla se comparan con los niños, y lo peor del caso es que sus estúpidos maestros se limitaban a cagarse de risa ante el degradante espectáculo de la destrucción de la naturaleza.
Al principio decidà poner cara de mala persona, amenacé a un niño con aniquilarlo si osaba acercarse a mi arbol, el chamaco era intuitivo, porque no se me acercó ni un metro, pero su ilusa maestra decidió pasar cerca de mà –gran error– no soporto que los que se supone que deben educar a nuestros niños en vez de dar un buen ejemplo se comporten como delicnuentes de la peor clase, asà que arremetà contra la indefensa maestra y le reclamé por no enseñar a sus púpilos a respetar la naturaleza.
La maestra parecÃa ignorarme, pero muy discretamente empezó a arrear a los niños, después de mis 5 minutos de furia, me dà cuenta de que mi actitud no era la correcta, si me portaba de esa forma lo único que iba a conseguir es que los escuincles regresaran al bosque y volvieran a perseguir a las ardillas.
Asà que cambié mi actitud, me acérqué al chamaco que amenace 5 minutos atrás y le di un cacahuate.
-¿Quiéres alimentar a las ardillas?
El mocoso se me quedó viendo entre sorprendido y abrumado, agarró el cacahuate y se acercó al arbol, una ardilla bajó y delicadamente agarró la semilla de las manos del niño. En es preciso instante se le iluminó la cara, y supe que entre el y las ardillas se habÃa creado un vÃnculo, poco a poco se acercaron más y más niños, a todos les daba un cacahuate y en todos veÃa la transformación instantánea de su carita al sentir al pequeño animalito agarrar el cacahuate.
Esos niños ya no volverán a lastimar a un animalito, porque pudieron experimentar la maravillosa experiencia de contribuir a la conservación de la vida, al dejar ese bosque, eran personitas diferentes.
Esa deberÃa ser la labor de los maestros, vamos a la escuela para aprender, pero su trabajo no termina cuando cerramos nuestros cuadernos de matemáticas y de español, ellos deben enseñarnos a ser mejores seres humanos, a ser personas útiles para la sociedad, deben enseñarnos a abrir nuestro corazón y a proteger la vida, a ser los hermanos mayores de todas las personas indefensas, los animalitos y las plantas.
Si desde pequeños alguien nos hiciera crear un vÃnculo con nuestro planeta, si nos enseñaran lo maravilloso que es sentir que un animalito depende de tÃ, que su corazón a pesar de ser pequeño late igual que el nuestro y que podemos hacer mucho para contribuir a su bienestar, si alguien nos hiciera saber que nuestra contribución es importante, este planeta serÃa un lugar mejor.
Si tienes la oportunidad de crear un vÃnculo con el mundo, o si puedes ayudar a que otras personas lo hagan, estarás ayudando enormemente a la conservación de este planeta, hoy he decidido transformar las caritas de todos los niños que pueda, para que cambien de la cara traviesa que busca asustar a un animal, a la carita tierna y sorprendida ante la grandeza de la naturaleza.
(Un saludo muy especial a mi nuevo amigo Carlos, espero llegar a conocerte mejor, besos)