El Gallo Famoso
Junio 5th, 2007Desde que nacà fui un drama andante, lloraba todo el tiempo, eran tales mis berridos que mi mamá nunca me querÃa sacar, probó de todo para callarme, hasta que descubrió que lo que tenÃa era hambre, me alimentó mejor, y ya no volvà a llorar por eso.
Fui creciendo y me volvà más loca, un dÃa Remedios, que era la esposa del velador de mi casa de Yautepec me regaló un gallo, si, asà como lo leen, un gallo negro y grandote, el más galán del gallinero.
Yo me tomé muy en serio el regalo, pesqué al gallo con mis bracitos de escuincla de 3 años y lo cargué de lado como si fuera un balón.
Me le aparecà a mi madre en la cocina; ella tardó unos segundos en captar lo que yo traÃa cargado, cuando por fin reaccionó se puso loca. Me gritó que cómo era posible, que me iba a llenar de corucos, que me podÃa sacar un ojo, que los gallos no son animales para traer cargados como pelotas, en fin, me hechó un sermón gigantesco.
La verdad no entendà ni madres, a esa edad no tienes aún prejuicios, en tu mente no hay diferencias entre un gallo y un perro, no le tienes miedo a nada, porque aún nadie te ha metido en la cabezota el concepto del miedo, no te importan los corucos porque ni idea tienes que demonios sea eso, y te vale que te pueda sacar un ojo, porque no concibes la vida sin un ojo y no te imaginas que un animal tan tierno e inocente como un gallo te lo pueda arrancar sádicamente. A todo el sermón que me echó yo sólo le respondà que ese era mi gallo, y se llamaba Gallo Famoso, ante esta afirmación tan decidida no me dijo nada más, y aceptó a mi gallo como un miembro más de la familia Landeta.
Mi gallo era negro y enorme, y yo lo querÃa mucho, todo el tiempo lo traÃa cargado como balón, supongo que debÃa ser una posición muy incómoda para el, pero jamás se quejó, jamás me arrancó un ojo, ni me pasó ningún coruco, todo el santo dÃa paseabamos los dos, jugabamos los dos, andabamos de arriba a abajo con la energÃa que sólo los niños y los gallos tienen.
Un buen dÃa se escaparon las gallinas del corral, y el gallo, como buen lider las fue a cuidar, las gallinas desbocadas cruzaron el amantle (no se si en todos lados se llame asÃ, pero en Yuatepec era como un mini rio que recorrÃa los sembradÃos para regarlos) , ahà iban las aves de corral cacaronas, cuando ¡ZAS! se cae El Gallo Famoso al amantle, al pobre animalito se le atoró una patita en unas ramas y ahà quedó, nadie pudo salvarlo.
Mi mamá al ver el terrible espectáculo temió por la salud mental de la familia, seguramente yo harÃa tal drama que en 30 kilómetros a la redonda escucharÃan mis berridos y todo el pueblo acudirÃa a ver a quien estaban matando en esa casa.
Como ya se imaginarán yo hice un drama digno de Shakespeare, lloré, me tiré al piso, grité mi dolor, en fin, estaba destrozada, era la primera pérdida que experimentaba en mi vida, y sólo tenÃa 3 añitos.
Mi abuelo, que es mi consentido, y yo su consentida, para consolarme me contó una historia tipo El Rey León, sólo que en esa época no existÃa todavÃa.
Se acostó conmigo y mi mamá en el jardÃn y me hizo mirar hacia el cielo, cuando encontró una estrella brillante y gorda como mi Gallo Famoso, la señaló y me dijo que ese era mi gallo, que estaba ahora en el cielo paa cuidarme.
La verdad este cuento de la estrella está ya muy gastado, pero en esos momentos hizo que me se sintiera mejor, habÃa perdido a mi primer amigo, a mi primer mascota, a mi Gallo Famoso y mi abuelo supo encontrar el camino para sanar mi corazón y regresarme la alegrÃa.



