Mi amor del chat de Spache
Junio 4th, 2007Cuando era puberta y mucho más inocente que ahora, conocà a un wey en el chat de Spache, yo era French Girl, por que iba en el Colegio Francés del Pedregal, el se llamaba Rodrigo, no voy a poner su nombre completo para no quemar al niño.
 Nos conocimos en el chat, y el no se como, consiguió que alguien le pasara mi teléfono. Un buen dÃa me habló, y yo le seguà la plática porque tenÃa una voz increible, en mis púberes fantasias yo pensaba que era mi prÃncipe azul materializado, lo imaginaba como todo un galán de telenovela, alto, guapÃsimo, con buen cuerpo, todo un sueño hecho realidad.
Platicabamos horas y horas, povocando los gritos histéricos de mi madre porque sólo tenÃamos una linea, y en esa época ni en sueños las mocosas tenÃamos celulares, asà que la pobre se tenÃa que fletar mis conversaciones “coquetas” con mi galancete toda la maldita tarde.
En esos viejos tiempos, el internet era un isntrumento del demonio, me acuerdo perfectamente que mi tÃo lo fue a instalar y nos advirtió con cara tenebrosa que no se nos ocurriera abrir ningún mail extraño, que no platicaramos con nadie porque habÃa violadores asesinos al asecho, y nos advirtió MUUUUUUUUY CLARAMENTE que no se nos ocurriera ver pornografÃa (claro el nos dijo “Niñas no vayan a ver cochinadas ni cosas malas”, la palabra pornografÃa era un tabú ) nos hizo esa aclaración porque habÃan instalado un net nanny y mi mamá podrÃa saber cada uno de nuestros pasos en la red, el pobre iluso no sabÃa que mi pobre progenitora ni la calculadora sabÃa manejar, asà que iba a estar en turco que pudiera rastrear nuestros sucios manejos cibernéticos.
Con estos antecedentes y esta indecente imagen que se tenÃa del ahora honorable interné, no podÃa decirle a mi mamá que mi galan era un galán electrónico, y que en mi vida lo habÃa visto, sólo lo conocÃa por sus “coquetos” y ridÃculos mensajes en el chat, y sus largas y melosas conversaciones telefónicas.
Total le inventé un cuento largo y enredado para que al escucharlo se hiciera bolas y se abstuviera de preguntar los detalles. Un buen dÃa el galán con el que soñaba todas las noches, con el que me imaginaba viviendo mi primer beso, al que yo querÃa como mi primer novio, en fin, el hombre que me hacÃa llenar todos mis cuadernos con su nombre, me invitó a salir.
Yo estaba vuelta loca, entre nerviosa, apenada, intrigada, con mucho miedo pero sobre todo con mucha muchÃsima ilusión, me compré ropa nueva, le inventé un chorote a mi mamá para que me llevara hasta Santa Fe (Bien bien lejos, yo vivÃa en San Jerónimo) y sobre todo, que lo hiciera sin hacer preguntas, porque como ya sabemos la web era del diablo.
Total me compré ropa nueva, me peiné bien mona, y salimos hacia Santa Fe. Nos habÃmos quedado de ver en el Sanborns, especÃficamente en la sección de libros, el irÃa vestido con una camisa azul de cuadritos, un sueter azul y jeans, tenÃa el pelo medio rojo y corto, yo, no le dije como era ni como irÃa vestida.
Mi mamá me abandonó en el lugar, ya ni me acuerdo que le dije para que lo hiciera, y quedó de esperarme en el cine.
Ya era la hora, me asomé cautelosa a la mentada sección del Sanborns y ¡Madre mia! Me encontré efectivamente a un niño vestido como me lo habÃa dicho, pero no se parecÃa en nada al prÃncipe de mis sueños, era gordo, lleno de granos, pelirrojo horrible horrible, y con cara de bull dog, yo ni me presenté, salà corriendo como alma que lleva el diablo y dejé al pobre hombre solito y abandonado.
Alcancé a mi mamá de churro en las escaleras eléctricas, al ver mi cara de susto y frustración me bombardeó con millones de preguntas y no tuve más remedio que contarle todo, ella se cagó de la risa y me dijo que eso me pasaba por andar ligandome weyes en el canal del diablo.
Me metà al cine bien feliz, y no volvà a pensar en el wey.
Cuando llegué a mi casa habÃa 26 llamadas en el identificador, obviamente todas de el, al dÃa siguiente habÃa como 60 y asà fue por 2 semanas hasta que le contesté el teléfono.
Le dije llorando que lo odiaba por haberme dejado plantada, que nunca me habÃan hecho eso en mi vida, en fin le armé un santo pancho que el pobre wey casi se muere, en vano me dijo que el si habÃa ido, que no me dejó plantada (jijijiji eso yo ya lo sabÃa inútil) en vano trató de convencerme para salir otra vez, él me habÃa roto el corazón abandonándome en un maldito restaurante-tienda-farmacia-chuncherÃa, y yo jamás de los jamaces lo podrÃa perdonar.
El wey siguió insistiendo por algunos meses más, hasta que un buen dÃa dejó de llamarme, no he vuelto a saber nada de él, pero supongo que nunca pudo reponerse de esa triste experiencia y aún se pregunta ¿Por qué no me vio? ¿Qué fue lo que pasó ese triste dÃa en el que no pudo encontrar a su ciberamor en un Sanborns? creo que después de ese dÃa el pobre puberto dejó de creer en Dios y en el destino, se volvió un célibe sacerdote y jamás volvió a tocar el Internet
¡Qué mala soy! he contribuido a aumentar la población célibe y pederasta de la Iglesia Católica, todo por mi superficial actitud de niña fresa al negarme a salir con ese esperpento hijo ilegÃtimo de la tigresa.



