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El ataque del socialite frustrado

Le tengo tirria a las personas que piensan que si nos sueltan una cierta dosis de nombres rimbobmantes  dosificadas entre frase y frase, nosotros vamos a quedar con los ojotes abiertos como platos y anonadados ante su graaan curriculum social.

 

Ayer tuve la suerte de toparme con un ejemplar de esos, lo malo, es que al soltar el primer nombre y no obtener reacción de mi parte, no porque yo no quisiera reaccionar ante su brillantísima relación con el recién nombrado sujeto, sino porque no tengo ni la mas remota idea de quien chingados me esta hablando del cabrón, decidió soltarme 800 nombres mas para ver si conseguía dejarme deslumbrada.

 

Al principio me causo cierta gracia, pero a los pocos minutos yo ya estaba a punto de enterrarle unas tijeras en la yugular para ver si así dejaba de bombardearme con sus miles de nombres sin sentido para mí.

 

Ese tipo de personas  son odiosas, nos hacen creer que conocen a la mitad de los ricos y famosos socialites (todo esto va entre comillas pero mi compu no tiene, o yo soy bruta y no las encuentro, cualquiera de las dos opciones) pero en mi muuuuy personal opinión,  pienso que se pasan la tarde leyendo la Caras, Quien Gente y demás revistas de *Ricos y famosos socialites* y su único trabajo es memorizar los nombres de todos los que ven ahí, para luego agarrarse a un pobre infeliz, en este caso a una pobre desgraciada damisela (yo) y soltare con emoción desbordada todos los nombres que ahí leyó, esperando que la atacada, caiga como mosca embelesada ante sus  grandes artes sociales.

 

Pero esto no fue lo único, además  afirmo con cara de pobre pendejo el que me contradiga ( o sea yo otra vez) que la gente ama pagar cover  para entrar a los lugares, y que toda la gente que conoce y que es  muuuuuuy rica e importante no tiene ningún reparo en desembolsar $200 morlacos pa’ pasar al lugar a echar el coto. Lo que no sabe el wey es que precisamente los ricos famosos e importantes son los que mas odian pagar aunque sean $10 pesos porque como son ricos famosos e importantes, todos los demás simples mortales debemos arrodillarnos a sus pies y regalarles todo lo que pase por sus mentes traviesas.

 

Lo que termino de coronar la tarde fue cuando afirmo vivir en cierta calle muy conocida de Polanco desde hace un año, pero cuando a la infeliz desgraciada de mi se le ocurrió preguntarle que entre que calle y que calle vivía, el contesto con desdén y cara de huele pedos, no se, casi no estoy ahí, solo voy a dormir. 

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