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El día que quería cortarme un dedo porque pensaba que era un nuevo eslabón de la cadena evolutiva

Enero 30th, 2008

Un día me harté, si, así como lo leen, un día me harté y decidí que ya no podía seguir conmigo, que su presencia me molestaba tanto que no podía seguir viviendo agusto mientras el estuviera a mi lado.

Si    llegaba a tocar alguna parte de mi cuerpo instantáneamente se me ponían los pelos de punta y comenzaba a histerizarme, a tal grado que llegué a una conclusión sencillísima y lógica, debía cercenar mi dedo chiquito de la mano derecha.

Por alguna razón su existencia dejó de tener sentido para mí, así que usando mi infinita inteligencia llegué a preguntarle a mi santa madre que si me podía cortar el dedo porque me cagaba tenerlo en mi mano.

Mi mamá, en cuanto pudo recuperar el habla, me echó una mirada matadora y usando el tono más amable que pudo salir de su sorprendida boca me informó que mi petición de amputación había sido denegada.

Ya se lo que están pensando, si uno tiene verdaderas intenciones de sacar al dedo chiquito de su vida, sencillamente agarra el cuchillo y se lo coha con un golpe seco y preciso, pero en esas épocas aún era yo una escuincla que dependían de su madre y tenía que obedecerla, desgraciadamente si te cortas el dedo no puedes arrepentirte y componer tu desmadrito, no sería tan sencillo como sacar los muebles de la alberca o consolar a una hermana asustada, así que inteligentemente concluí que lo mejor para mi situación sería vendar el dedo muy apretado para cortar la circulación y dejar de sentirlo.

Me compré una venda, y procedí a vendar mi dedo dejándome un molote del tamaño de mi mano, cuidando perfectamente que los demás dedos continuaran con movilidad para que pudieran seguir haciendo sus funciones normales.

Hasta ahí todo iba bien, yo había permanecido en mi casa todo el tiempo, y nadie, salvo mi madre, se había enterado de que yo ya no necesitaba un dedo y deseaba enardecidamente removerlo de mi cuarpo.

El problema fue cuando pasó el fin de semana y llegó el temido lunes, cuando llegué a la escuela, y todas las compañeritas alegres y platicadoras me preguntaron con congoja que ¿Qué me había pasado? Yo respondí con alegre cantaleta que me quería cortar el dedo chiquito porque ya no lo necesitaba pero como mi mamá no me dejaba me lo había vendado.

Las niñas me voltearon a ver como si yo fuera un alien, mis amigas se rieron porque supongo que ya me conocían y debían estar acostumbradas a mis extravanagzas, las demás personas que escucharon mi alegato no emitieron opinión alguna, creo que creyeron estar discutiendo con una persona que padeciía de sus facultades mentales y prefirieron evitarse la molestia.

Yo por mi parte me dediqué a investigar y descubrí que en muchos millones e años seremos calvos y perderemos un dedo, entonces asocié mi odio repentino hacia mi dedo chiquito derecho con un síntoma de mi estado evolutivo superior.

Y así creyéndome un nuevo eslabón de la cadena evolutiva, continé mi vida, viendo a las demás personas como inferiores y ellos viéndome a mí como loca.

La chamaca preguntona

Enero 3rd, 2008

Estas vacaciones mi niño extremo, la fuska y yo decidimos largarnos a Acapulco pa´olvidarnos del estres que aqueja a todos los pobladores de chilangolandia.

Un buen día al llegar a uno de los tantos restaurantes de Barra Vieja, notamos que nuestros pasos eran seguidos muy de cerca por un representante en miniatura de la raza humana, que, con harta curiosidad se acercó a ver a Fuska y a continuación procedió a soltarnos una sarta de preguntas sobre los temas más inusitados, ¿Por qué el perro movió la cola? ¿Por qué el perro abrió la boca? ¿Por qué el perro abrió el ojo y volteó para allá? ¿por qué el perro se sentó? ¿Por qué el perro se levantó? y así infinidad de cuestionamientos harto profundos que hacían que la pobre criatura se debatiera internamente ante estas difíciles interrogantes.

Yo pienso que el que no pregunta se queda tonto para siempre, y que es bueno preguntar y resolver las dudas de los escuincles para que puedan desarrolar su inteligencia, también estoy de acuerdo en que es de sabios preguntar, y no pretendía   coartar   la  asención a  la    sabiduría de esa pobre infante acapulqueña con mis pedantes pretensiónes de desestresarme, digo que no pretendía hacerlo, pero lo hice de Tdas manera pero muy a mi manera.

Las preguntas eran tantas y tan difíciles sus respuestas (ya que nunca me he detenido a preguntarle a Fuska por qué hace tal o cual cosa ya que desconozco el idioma de los perros) que opté por echarle un poco de imaginación al asunto, y es así como la pobre chamaca terminó creyendo que Mi niño y yo somos sangrientos asesinos que nos alimentamos de perros, yo me los como crudos por que me gusta la sangre, mi Niño si los cocina, también comemos gatos y cualquier animal que se atraviese en el camino, y Fuska, como sus padres, también se alimenta de gatos, ya que como le informamos, la comida de perros está hecha de gatos y por eso los perros siempre los persiguen.

Al final de laplática la niña repetía sin parar, al perro se le mata con un chuchillo y te lo comes, lo matas con un chuchillo y te lo comes, ya después le explicamos que tenía que usar diferentes cuchillos según el perro, si era un perro grande no podía usar un chuchillo chico.

Valeria (así se llamaba la niña) razonó un rato lo que le dije y al final a modo de conclusión nos dijo que estaba muy bien matar a los perros con cuchillos para comértelos, ni modo que los mataras con una llanta! - expresó la mocosa- y así la dejamos sola, argumentando que íbamos a cazar, le dijimos que esperara a Fuska que iba a regresar con la presa para que después nos la pudieramos comer todos.

Valeria se quedó esperando y nosotros nos fuimos muy tranquilos al mar contentísimos porque nos habíamos librado de ella

Si alguna vez ven a una chamaca matando perros con chuchillos para comérselos, y si de paso se los come crudos porque le gusta la sangre, ya sabrán de quien es culpa, y de paso los papás aprenderán a no dejar que sus hijos anden chingando a extraños,  porque pueden estar locos.