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Mi carrera frustrada de escupidora de tacabo profesional

Octubre 17th, 2007

La otra vez que manejaba aburrida, por las calles atascadas de la capital, trataba de encontrar una canción mas o menos escuchable en el radio, y no´mas no encontraba nada, tons me puse a explorar la mamamovil de mi madre, nada mas por buscar algun entretenimiento porque ya sabrán ustedes que cuando una es hiperactiva se aburre en chinga, andaba yo en esas actividades altamente peligrosas cuando se maneja un coche del tamaño de una mamamovil, cuando me encontré con un paquete de tabaco sabor vainilla.

Tons yo recurrí a mi infalible memoria de jovenzuela y recordé que en la tele, siempre salían vaqueros y demás personajes masque y masque tabaco cual camellos, y luego lo escupían en un recipiente raro produciendo un sonido muy particular, yo ya me andaba haciendo toda una historia en mi cabeza, y hasta planeaba convertirme en mascadora profesional de tabaco sabor vainilla, quería aprenderlo todo, a escupir como caballero pa´lograr hacer el ruido ese, a hacer un gargajo color café espectacular que hiciera sentir orgulloso al más rudo de los vaqueros del oeste.

Ya hasta quería encargar mi recipiente ese pa´practicar la escupida, pero todos mis sueños se derrumbaron cuando introduje el primer pedazo de esa materia café y olorosa a mi boca.

No se como describir ese sabor tan asqueroso, te llena la boca con un gusto amargo y sólo atinas a querer escupir aunque no formes gargajo alguno y sólo avientes unas babas mugrientas y aguadas que caerán al suelo sin la menor elegancia y sin producir sonido alguno.

Del shock casi choco, sentí que mis sueños vaqueros se derrumbaban, y nada mas pensaba en tomarme todos los litros de agua del mundo, cual camello sediento me resigné a seguir sintiendo el asqueroso picor del tacabo que recorría mi boca hasta llegar a mi casa y juro que nunca en mi vida volveré a pensar en volverme vaquera escupidora

Último capítulo: La publicidad engañosa puede ser peligrosa

Octubre 15th, 2007

Este es el último capítulo de la Sex Shop, por los comentarios de algunos, veo que les ha servido de algo lo que he escrito y me da mucho gusto, cualquier cosa ya saben, sólo pregunten.

Pues bueno, como ya saben, teníamos el negocio, teníamos los productos, pero el que no se anuncia no vende, así que decidimos hacer unos volantes bien monos en morado para repartirlos por la ciudad, nosotras pensamos que iba a ser bien cool que dos jovenzuelas anunciaran ese tipo de productos en pleno periférico a la hora pico, pero nuestras respectivas familias opinaron lo contrario.

Así que decidimos hacerlo en un lugar menos “peligroso” y nos adentramos en Pericoapa, cargadas de volantes, con nuestras más grandes sonrisas y Huevs siempre con su enorme armamento por delante.

Ella empezó por el último pasillo, yo por el primero, y su amigo, el que anteriormente nos había protegido por en medio.

Entregábamos volante, regalábamos sonrisa, entregábamos volante, regalábamos sonrisa, confiadísimas de que todos iban a correr a meterse a nuestra página de internet y nos iban a llover pedios, conforme avanzávamos Pericoapa se volvía cada vez más ruidoso, muchos muchachones salían de sus puestos lanzándonos miradas, desde coquetas hasta libidinosas, el griterío era mayor del lado donde Huevs repartía. Las mujeres nos miraban indignadas con cara de preocupación ante semenajte desfachatez, los hombres se apenaban y los más descentes sólo nos sonreían tímidamente, hasta que tanto revuelo alertó a los de seguridad que fueron a sacarnos porque no estaba permitido andar repartiendo sin permiso de la administración.

Salimos de Pericoapa, dejando atrás, un griterío medio histérico y a muchas personas confundidas.

Cuando llegamos al restaurante de mi mamá, que estaba por esos rumbos, nos recibió un comité de “bienvenida” compuesto por mi madre y su socio, quienes nos preguntaron que si ese papelito que tenían en las manos, era el que habíamos repartido alegremente por los pasillos coapenses.

Nosotras respondimos que si, orgullosísimas de nuestra caja con 4,000 volantes listos para invadir la ciudad y formar parte de la basura poco después, el socio de mi madre, nos llamó para hablar en privado y nos explicó el grave error de nuestra escandalosa publicidad, y es que el volante décía más o menos así

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teléfonos (que pusimos 2 nexteles)

Hasta abajo con letras miniminúsculas decía sex shop online y la página.

El Socio nos introdujo poco a poco al mundo masculino y nos hizo ver que nuestro volante parecía anuncio de prostitutas que andaban ofreciendo sus servicios así, descaradamente a plena luz del día.

Nosotras entendimos la razón de tanta mirada lujuriosa por parte d elos hombres y el enojo e indignación por parte d elas mujeres, tuvimos que tirar a la basura nuestros 4, 000 volantes, procuramos no regresar a pericoapa en mucho tiempo y rogamos al cielo para que nadie llamara a nuestro nextel.

 Y respondiendo a la pregunta de Guillermo, lo que hago es que si alguien me llama y me dice que juntó a sus amigas, hacemos una cita y ya, yo llego y les doy una plática a todas, TEORICA y ahí mismo se hace la venta, para que de una vez salgan con sus juguetitos.

Pues bueno, eso es todo lo relacionado a la sex shop, ya seguiremos después con otros temas.

SEX SHOP: Las primeras clientas y las cabinas en vivo

Octubre 9th, 2007

Ya con nuestros productos en mano, los conocimientos, y un chingo de entusiasmo nos dispusimos a conseguir clientas.

Las reunimos en una casa, a la anfitriona le damos un regalito por haber reunido al grupo, y ya que están todas las mujeres reunidas les explicamos todo, les damos a probar los lubricantes, les enseñamos los beneficios de cada uno de los juguetes y hasta les vendemos libros con tips pa´seducir a la pareja y sentirse mucho más seguras de su sensualidad. Lo maravilloso de estos productos, sobre todo, si se los vendes a mujeres, es que te das cuenta de que en cierta forma las estas ayudando a mejorar su autoestima, las primeras clientas, eran señoras como de 50 años, que estaban en su mayoría divorciadas, y no tenían perro que les ladrara.

Se compraron feromonas pa´atraer al sexo opuesto, lubricantes para que la acción sea más suave, una que otra se compró un vibrador gigante, otras compraban anillos vibradores para que el amante las complaciera más, en general las señoras buscaban productos que las ayudaran a tener una vida sexual más plena y satisfactoria, y en general salieron muy contentas con sus nuevos juguetitos.

Les ofrecemos productos se calidad, a un precio muuuuuucho mejor del que pueden encontrar en las tiendas, y sobre todo en un ambiente seguro y súper divertido y educativo, así que si alguna se anima ahí me echan un grito.

Ya con nuestra primera venta, Huevs y yo decidimos expandir nuestros horizontes, eso fue casi por casualidad, todo comenzó en una visita a Sex Capital, cuando caminando por un pasillo a Huevs le ofrecieron una oferta difícil de rechazar, los dueños de unas cabinas en vivo (o sea que mujeres hacen chou y weyes las observan detrás de un vidrio) le ofrecieron a mi socia el papel de volantera oficial, o sea, que la Huevs, debía usar sus enoooooooooormes atributos pa´convencer al cliente de que adentro había caaaaaarne de calidá.

Y más rápido que el rayo, les dije que claaaaaaaro que si, que estaba dispuestísima, pero que teníamos que ver las instalaciones, y ahí vamos, entramos por primera vez al mundo sórdido y extraño de las cabinas en vivo.

Cabinitas equipadas con pañuelos desechables, y botones pa´llamar al mesero, que daban a un escenario donde una mujer hacía cosas extrañas mientras weyes babeantes las observaban, luego la “artista” salía del cuartito ese y podía departir con los asistentes, tomarse una copa, o ya lo que su mercé quisiera.

A Huevs le ofrecían el sueldazo de $10 varos por humano que ingresara a la cabina y tuviera la lana pa´pagar los $150 morlacos que costaban los 15 minutos de chou, les dimos las gracias por su amable oferta y Huevs prometió hablarles para ver cuando empezaba sus labores de promoción, los weyes se quedaron harto ilusionados porque pensaban ilusamente que su nueva promotora iba a ser una flamante y chiconsérrima chavita, ¡Pobres siervos del señor!

Bueno ahí si se animan a organizar una reunión me echan un grito, y se llevarán su respectivo regalo.

Ya sólo falta el último capítulo de la serie sex shop.

La red tepiteña ex traficante de pornografía: Nuestro nuevo proveedor

Octubre 8th, 2007

Ya con el curso, Huevs y yo sentíamos que el mundo era nuestro, así que nos lanzamos a buscar a nuestro nuevo proveedor, y según nuestros instintos, la zona rosa era el lugar ideal para encontrarlo.

Y ahí vamos, dos mocosas con escasos conocimientos sobre el tema, pero que creían poseer casi casi la piedra filosofal. Entramos a muchos establecimientos, y usamos la misma técnica de la vez anterior, pero no contábamos con que en esa zona, las boobs no tienen el mismo efecto que en un lugar heterosexual, así que nuestro plan se estaba viniendo abajo, hasta que encontramos un lugar atendido por una mujer, y después de negociar con Huevs, aceptó aplicarle el plan a la chavita y pude yo discretamente obtener unas 3 direcciones.

Dos eran en Monterrey, y la otra en Iztacalco, delegación de la cual, solamente habíamos oido hablar cuando nos enseñaban la división política del D.F. en la primaria, pero aún así decidimos no dejarnos vencer por los territorios desconocidos, Huevs le habló a un amigo para “protegernos” y cuando fuimos a recoger al fulano me di cuenta que hubiera sido más egectivo un french poodle, pero las intenciones del enclenque muchachón eran buenas, tons aceptamos treparlo a la troca y lo hicimos reir con nuestras pendejadas.

Y ahí vamos, los tres, nos perdimos 36 horas, por fin, decidimos pedirle ayuda a una patrulla, que nos indicó que debíamos seguir el metro aereo pa´llegar, (esa fue la primera vez que yo me enteré que existía un metro aereo) y lo seguimos y a las mil llegamos a una calle desolada, con chamacos que vigilaban su banqueta, como perros protegiendo su territorio, ningún lugar se veía como el primer lugar al que fuimos, no había ni rastros de la imagen del éxito que nos había vendido nuestro primer proveedor, ningún edificio imponente, ningún guardia de seguridad, nisiquiera un letrero, nos dio miedo bajarnos, pero ya estábamos ahí, ¿Qué podíamos perder?

Y tocamos en el portón oxidado, Huevs yo y nuestro protector, nos abrío una gorda mujer con desconfianza, entonces pensamos ¡Ya valió madres! pero no, a los 5 minutos nos abrió una orda de sujetos que nos miraban inquisidoramente, nos hicieron pasar recelosos, y nos sentaron en una mesa redonda rodeada de penes y artefactos de colores. a continiación todos desaparecieron dejándonos un plaón con dulces en forma de pene pa´que nos entretuvieramos.
El salón de junto, ostentaba un escritorio enorme con figuras doradas que enmarcaban a la perfeccióna un hombresote de esos que a huevo trabajaron en fuera de la ley por lo menos la mitad de su vida. Nosotros no dijimos nada y nos limitamos a comentarle al wey que nos atendió nuestros sueños guajiros, él nos entendió perfectamente y nos llevó a conocer sus bodegas.

Metros y metros oscuros y escondidos repletos de juguetes del piso al techo, cada paso que dábamos descubríamos un pasillo más, unos llenos de luguetes, y otros de sustancias que en mi infancia me provocaban terror gracias a las leyendas urbanas.

Nos dijo que teníamos que comprar $5,000 varos pa´que nos diera precio y aquello nos pareció muy bien, al día siguiente regresamos con el dinero, y el sacó un carrito en el que Huevs y yo fuimo introduciendo (con la cuidadosa asesoría del wey) los artículos que nos servirían para darnos a conocer.

Ya después de caida la lana, salieron de entre los pasillos, chingos de seres todos igualitos, y empezaron a empaquetar, cobrar, oferecrnos agua, comida y sustento, desde la abuelita, hasta el bebé trabajaban en esa red perfectamente organizada, de los que ahora sabíamos, habían pertenecido al mercado negro de la ponografía tepiteña cuando ese mercado empezó hace chingomil años, después se volvieron comerciantes establecidos de juguetes sexuales, y eran nada más y nada menos los que le partían su mandarina en gajos a los mismísimos weyes representantes del éxito que nos habían impartido cursos y madre y media.

Eran enemigos acérrimos, se odiaban a muerte y con justa razón, todo el dinero que los otros weyes empleaban en mantener la imagen del éxito y pagar a sus empleados uniformados, estos weyes lo usaban pa´bajar los precios hasta dejarlos muuucho más abajo que los otros pobre weyes,  y ahí fue cuando entré al mundo del espionaje industrial (pero esa ya es otra historia)

Huevs y yo salimos de ahí muy contentas con nuestra cajota, ya teníamos nuestras tarjetas de presentación y estábamos contruyendo nuestra página de internet, sólo nos faltaba vender, y hacernos expertas en el área en cuestión, experiencia que adiquiriríamos a base de esfuerzo y múltiples visitas a la llamada PLAZA DEL SEXO

La sex shop capítulo 2

Octubre 3rd, 2007

Huevs y yo estábamos muy rotas, el nuevo proveedor nos pedía una inversión de $20,000 morlacos pa´darnos precio  de distribuidoras, tons necesitabamos urgentemente conseguir a un nuevo proveedor más cuate por que si no no la íbamos a hacer.

Pero antes teníamos que tomar el curso de inducción, ¡MADRE DE DIOS! el pobre instructor no se imaginaba el suplicio que esto iba a ser para el, además, para su malísima suerte, no había mas gente para el mentado cursito, tons nos los tuvo que dar el solito a Huevs y a mi.

Llegamos las dos muy monas y nos encontramos con una mesa repleta de frasquitos de lubicantes y aceites para masaje, penes de todos los colores, materiales y tamaños, anillos, aditamentos extraños, arneses, en fin, un chingo de madresillas que nos hacían saber que esto no se parecería en nada a las clases de la escuela.

Primero nos embarró cualquier cantidad de lubricantes, quesque pa`que probaramos los sabores y sintieramos las texturas, en mi muyy personal opinión, saben a madres, no me imagino embarrándole toda la espalda a mi niño y luego comiéndome todo eso, se me cae la lengua me cae de madres. Las texturas si están ricas, sobre todo la de los lubricantes de silicón y los que son para abajo del agua.

Luego pasamos a la parte de los penes, cabe aclarar que todo el tiempo mientras nos explicaba el pobre hombre la función de los lubriantes, yo me dediqué a ponerle los dildos a Huevs en las orejas para que ya no fuera virgen por ese lado, comentario que al wey le parecía sumamente distractor ya que si juntamos la cara de Huevs con muchos penes aunque sean de mentiras embarrándosele en la cara, con su enorme pechonalidad eso podría ser fácilmente una película porno si le agregamos imaginación.  Y si a todo eso le sumamos las feromonas que el sujeto tuvo a bien untarnos, no se ayudaba en nada el pobre wey.

Bueno, en la parte de los dildos y vibradores nos enseñaron los diferentes materiales, que si de jelly, que si de silicón, que si de metal, de vidrio o de cyberskin que es el más pro, ya que simula a la piel a la perfección, nos hizo tocarlos, sentirlos, y aprendernos de memoria la textura de los materiales, para esos momentos yo me dedicaba a darle penazos a Huevs en la cabeza, ya que estaba comprobando la flexibilidad de los juguetes (a ella no le parecía chistoso) el wey ya no podía manejar adecuadamente la situación, tons le habló a un compadre pa´que le echara la mano, cuando llegó el compadre pude darme cuenta que en la parte de atrás del salón estaban aposentados como 5 cabrones embeleados con las escenas que representábamos sin querer Huevs y yo.

Ya después aprendimos sobre anillos, sus beneficios y peligros, sus variantes y las ventajas de cada una de las variantes, le pusimos anillos a los dildos pa´en señarle al wey que habíamos aprendido todo muy bien, y luego nos hizo un examencillo del curso que obvio pasamos con 10

Salimos del lugar como mujeres de mundo, creyendo que lo sabíamos todo, pero pronto el destino se encargaría de demostrarnos que estábamos muuuuuuuuuy equivocadas

Siguiente post: La búsqueda del nuevo proveedor en la Zona Rosa

La sex shop: Mi primer negocio “formal”

Octubre 2nd, 2007

En la familia Landeta, cuando algo se nos mete en la cabezota, ya valió madres el asunto. El problema es que en mi caso, generalmente cuando consigo lo que quiero, súbitamente eso que antes era sumamente atractivo para mi, pierde toda su gracia y de la nada me deja de interesar, eso pasó con mi anterior negocio, la sex shop.

Huevs (mi ex socia) y yo, nos dimos cuenta que estabamos más que rotas y necesitabamos lana a la de ya, muy inteligentemente concluimos, mientras hablábamos a grito pelado en el Sanborns de Altavista que el sexo definitivamente vendía, nuestra discusión acerca de eso porvocó que varias viejecillas que merendaban en el lugar pidieran ser cambiadas de mesa a una donde sus castos oidos no fueran perturbados, yo digo que hicieron esto na´mas por guardar las apariencias, porque bien que tenían la orejota bien parada y la vista fija en nosotras pa´no perderse detalle alguno.

Por fin después de hacer números nos dimos cuenta de que con los 4,000 varos con los que contaba cada una, un table, era muy difícil de conseguir, así que nuestros sueños guajiros tuvieron que ser dejados a un lado y procedimos a enfocar nuestras energías en el hasta ese momento desconocido mundo de las sex shops.

Yo alguna vez vi una en Plaza Galería de las Estrellas, así que decidimos que esa iba a ser nuestra primera parada pa´investigar el asunto, al día siguiente se presentó Huevs bien tempra en mi casa, y después de echar el café en el Sanborns pa´darnos valor, nos dirigimos al local rosa en donde se encontraba según nosotras toda la información que necesitabamos para convertirnos en las próximas Slim.

Después de empujarnos como rancheras las unas a las otras, por fin yo me di valor y entré, atrás de mi vino Huevs y hasta atrás mi hermana que traía cara de huele pedos porque odia ese tipo de ambientes no fresas.

¡Sopas! en el interior, todo era nuevo y colorido, lleno de señores trajeados con “damas” que claramente ostentaban el título de “las movidas”, los ambables dependientes estaban dispuestos a resolver todas nuestras dudas, yo, de espíritu curioso me puse a formular cualquier cantidad de preguntas, y es que en las sex shops hay cosas que a huevo te hacen preguntar, como un dildo llamado “La pata de elefante” para unas pobre inocentes chicuelas como nosotas eso era algo totalmente desconocido y atroz. Mientras yo me dedicaba a tratar  de entender mi futuro negocio, Lorenza (mi hermana, si, así se llama) sólo se recargó en una pared, expresando en todo momento su descontento y le hacía saber a los empleados y clientes con unos ojos horripilantes que los repudiaba y que para ella eran la peor escoria del planeta, Huevs por su lado deambulada por ahí atrayendo la atención hacia su enoooooooooooooorme pechonalidad.

Es ahí donde nos dimos cuenta de nuestra ventaja competitiva, y surgió sin querer nuestro plan de acción, a continuación Huevs distraería a todos los dependientes con sus encantos gigantes y yo me dedicaría a tratar de ver en la parte de atrás de los productos la dirección del proveedor. El plan fue un éxito total, en menos de 5 minutos yo ya tenía una dirección, que no nos quedaba nada lejos y prometía un futuro brillante.

Esa tarde nos dirigimos al la dirección indicada, nuestros ojos se abrieron como platos al econtrarnos con el Sam´s Club del pecado, galerías enorme llenas de penes y vaginas coloridas y psicodélicas de alzaban ante nuestros ojos, un amable vendedor nos explicó los requisitos para vender, la inversión requerida, y nos regaló un catáloco de 500 hojas a color y con explicaciones, nos invitó a tomar un curso para saber vender juguetes y con una sonrisa nos dio la despedida.

Desgraciadamente para nosotras, la inversión era mucho mayor de lo que pensábamos, pero eso ellos no lo sabían, así que nos dipusimos a buscar unos nuevos proveedores, pero antes aprovechamos el curso que ellos nos ofrecían de manera gratuita pensando que haríamos negocio juntos.

En el siguiente post: la reseña del curso que tomamos, la búsqueda de nuevos proveedores en la Zona Rosa cuando Huevs y y yo fuimos confundidas con lesbianas y muchas cosas más